¿Qué es conciliación?

La Real Academia Española define conciliar como hacer compatibles dos o más cosas. Teniendo trabajo, teniendo familia y teniendo vida, yo me quedo con la parte del «o más cosas» y añado un «cuando se puede, si es que se puede, e intentando no morir o matar en el intento».

La conciliación laboral y familiar nace de la permanente búsqueda de equilibrio entre los diferentes ámbitos de la vida del trabajador o trabajadora: profesional, familiar y personal.

Ahora bien, para que haya posibilidad de conciliación, además de un mayor esfuerzo por parte de las empresas y el Gobierno, tiene que existir un mejor reparto de tareas domésticas en el hogar entre los diferentes miembros de la familia (o la pareja, si la familia cuenta con miembros muy pequeños).

En una agencia de traducción en la que la mayoría de sus integrantes son mujeres tenemos prácticamente la obligación de proporcionar al equipo herramientas para que la conciliación sea lo más real posible. Horarios más flexibles, teletrabajo o apoyo tecnológico para agilizar procesos son solo algunas de las medidas que, como agencia de traducción, intentamos poner al alcance de nuestro equipo. 

¿Cómo conciliamos en el mundo de la traducción?

Las agencias de traducción tenemos dos perfiles fundamentales en nuestras filas: el de gestora de proyectos (en nuestro caso, todas mujeres) y el de traductor o traductora profesional. Con esto no quiero desmerecer el resto del equipo, pero digamos que estos dos puestos son nuestra «cocina».

El puesto de gestora de proyectos en una agencia de traducción está ligado al flujo de trabajo, solicitudes, entregas y posibles incidencias, de los clientes. Ahora bien, con las herramientas adecuadas y la tecnología de nuestro lado, a lo que no está ligado es a su presencia física en una oficina.

Esta no dependencia física hace la conciliación más factible y llevadera para la gestora de proyectos. No quiero decir con esto que con el teletrabajo esté todo hecho, no en los tiempos que corren.

Teletrabajar con niños pequeños en casa, por ejemplo, es realizable pero francamente frustrante. No sientes que estés avanzando en la correcta dirección con nada. El nivel de concentración que requiere el trabajo y el de paciencia que requieren los niños se resienten considerablemente.

Los niños volverán al colegio y el hecho de que las agencias de traducción sigan dando la libertad a las gestoras de proyectos para teletrabajar hace la vida de la gestora de proyectos más fácil y, además, su desarrollo personal y familiar no compromete su carrera profesional. Podrá seguir asumiendo responsabilidades, organizándose desde casa si así lo prefiere, y seguirá avanzando profesionalmente.

Por otro lado, tenemos a nuestros traductores. Una traductora profesional es, por definición, autónoma. Un 82 % de los autónomos trabajan desde sus casas por lo que el teletrabajo no es un añadido, sino que forma parte de la descripción de sus puestos de trabajo.

La ventaja de la traductora profesional sobre la gestora de proyectos es su libertad horaria. Una traductora profesional puede decidir no sentarse a trabajar durante el día y, con ello, organizarse como considere. 

Ahora bien, esta libertad horaria de la traductora profesional es a veces su mayor enemigo ya que, para llegar a sus objetivos mensuales y no desatender a sus clientes, sacrifica momentos que una gestora de proyectos por lo general no necesitará sacrificar: noches, fines de semana, etc. En muchas ocasiones, el deseado «tiempo de calidad», con esta «libertad», no llega nunca.

Factores que contribuyen a una mejor conciliación

Tres factores que contribuyen sin duda a una conciliación familiar, personal y profesional REAL son los siguientes:

Primeramente, las empresas. Somos las empresas las que tenemos que entender que estamos formadas por personas que, a su vez, tienen sus pequeñas «empresas» y que en este barco estamos todos, hombres y mujeres por igual.

Contrataciones objetivas, no dependientes de sesgo de género o «edades de riesgo», horarios más flexibles y humanos, teletrabajo cuando sea posible. Medidas que humanicen a nuestras empresas y que busquen, a través del compromiso personal con sus trabajadores, un mayor éxito a todos los niveles: en la empresa que contrata y en las «empresas familiares» de cada uno.

En segundo lugar, el Gobierno. Más ayudas, más legislación, más apoyo.

Cierto es que hay empresas muy grandes que parecen necesitar aún medidas de presión como leyes de igualdad o similares.

Las empresas pequeñas y medianas, que son más «manejables y humanas» por definición, no deberíamos necesitar este tipo de presión. Sí estaría bien contar con incentivos que nos permitiesen, entre otras cosas, dar una mayor flexibilidad horaria a nuestros trabajadores.

Como empresa tengo que garantizar la estabilidad de todo el equipo. Si necesito ampliar mi equipo para, sin comprometer el servicio a mis clientes, dar una mayor flexibilidad en aras de la conciliación, pero se me disparan los gastos, se acabó la flexibilidad. Más ayudas del Gobierno para la conciliación, más incentivos desde la Seguridad Social. Pero ayudas reales, tangibles, alcanzables. No ayudas de esas que solo salen en las noticias y que nadie sabe adónde van. De esas tenemos muchas.

En tercer y último lugar, no por ello menos importante, el compromiso de las parejas. Aunque aún exista gente que lo niegue, en más del 85 % de los hogares españoles el reparto de tareas dista mucho de ser equilibrado.

No solo las tareas, tenemos que equilibrar la carga mental que conllevan. Muchas parejas, en su mayoría masculinas, no se quitan aún esa etiqueta de estar «ayudando» en casa. Y algunos «ayudan equitativamente», pero no se dan cuenta de que no se trata de eso.

Se trata de un mayor compromiso desde la raíz del problema. Se trata de la planificación, la previsión, el sacrificio (cuando hay que hacerlo).

Si los hombres —y sí, hablo de todos los hombres— no se dan cuenta que tener una familia es absolutamente al 50 %, la conciliación laboral y familiar no será una realidad jamás.

Conclusiones

Nuestro sector es un privilegiado en lo que a conciliación se refiere. Gracias a poder trabajar desde cualquier parte y que, en mayor o menor medida, nuestros horarios se pueden flexibilizar, nuestras gestoras de proyectos y nuestras traductoras profesionales, además del resto de miembros del equipo, pueden tener una mayor libertad y la suerte de trabajar en un sector más humanizado que otros.

Aún queda mucho por hacer en temas de conciliación, a todos los niveles. Ahora bien, si empezamos por el básico, el hogar, todos los hogares, llegaremos a los niveles más altos antes de lo que pensamos. Cambiemos conciencias y con ello cambiaremos el mundo.

La conciliación es una necesidad, es una realidad y es un primer paso, de muchos, para un mundo más equilibrado y justo. Un mundo de empresas más humanas. Pongamos nuestro granito de arena.